Cuando era niña y viajábamos en colectivo, él apoyaba su mejilla contra la mía y me decía que mirara a la luna, porque seguía a las chicas lindas....recuerdo como si fuera hoy mirar a través de la ventanilla del colectivo en movimiento y sí, ahí estaba la luna acompañándome en el viaje... mi viejo sonreía al ver mi cara de asombro: sí, sí la luna me seguía!
Pasaron muchos años desde entonces, el viejo partió hace ya mucho tiempo también, pero esa luna, la luna de mi infancia, la luna que mi padre me enseñó a mirar, aún me acompaña...
Y en el derrotero cotidiano, cuando estoy muy cansada, sólo tengo que levantar mis ojos al cielo y ahí está, tan límpida y brillante como aquella sonrisa de mi viejo, alumbrándome.....

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